1. Turno de noche


    Fecha: 12/06/2019, Categorías: Hetero Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    En principio sería una noche más. Un turno más. Llegué a mi hora, con mi uniforme habitual, compuesto de camisa y pantalón de un color oscuro, horrible por cierto. Hacía un poco de bochorno así que aumenté la potencia del aire acondicionado en cuanto relevé a mi compañero. Las primeras horas pasaron rápidas. Tareas administrativas ocuparon mi tiempo durante ese intervalo. A las 3:30 de la madrugada ya solo quedaba una habitación por llegar, miré sus datos para asegurarme que vendría y me fuí al salón para entretenerme un poco con la TV. No tenía sueño. Una escena erótica en la pantalla me hizo recordar que andaba con ganas de un buen polvo. Me la masajee lentamente por encima del pantalón. No tardó demasiados segundos en ponerse dura. Me acoplé un poco más al sofa. Me apretaba el pantalón así que lo desabroché, quería liberar un poco mi polla. La apreté con mi mano y seguí con el ritual anterior mientras miraba la escena televisiva. Acababa de llegar a la conclusión de que me haría una buena paja allí mismo cuando oí un coche pararse en la calle. Me puse de pié de un salto y me abroche el pantalón mientras maldecía. El bulto de mi polla en el se notaba claramente así que aceleré el paso para resguardarme tras el mostrador de la recepción. Al llegar comprobé que se trataba de un taxi. De el se había bajado una chica de unos 22 años. Llevaba un vestido naranja, sueltecito, de vuelo. Al entrar saludó sonriendo. Me di cuenta de dos cosas; la primera es que venía con una copa de ...
     alcohol de más y la segunda es que mi polla aún seguía como una piedra. Normalmente un huesped cuando llega pide su llave y sube a su habitación. Sin más. Normalmente. Esa vez no. Se interesó por mi trabajo y por como llevaba el turno y yo, que andaba con ganas de ser receptivo, entré de lleno en la conversación. A los pocos segundos dejó de importarme lo que contaba, mi atención cambió plenamente. Ojos oscuros, pecas en la mejilla, labios sabrosos, olor a deseo y unas tetas apretandole el vestido que agudizó aún más mi erección. Nos separaba el mostrador. Y mi miedo a equivocarme. Hacerlo podría implicar la perdida del trabajo. Fueron unos segundos de guerra civil en mi cabeza hasta que un "¿Te follas a muchas aquí?" destrozó cualquier barrera entre ella y yo. Tras decirle que sí, rodee el mostrador y me situé detrás de ella apretandola contra el mismo. "Joder, que dura la tienes" dijo justo antes de mirar hacía atras y buscarme la boca para lamermela. Por aquel entonces mis manos ya frotaban sus pechos por encima del vestido y mis caderas circulaban en torno a su culo, apretándole el bulto de mi pantalón. Salivamos jugando con nuestras lenguas, pasee mi boca por su cuello. Levantó su culo apretándolo a mi polla y ahí fué cuando sentí que me rebentaría. Desabroché mi pantalón como pude. Quería darle por el coño. Ya. Ahora. Subí su vestido. Casi arranqué su tanguita mientras lo apartaba y le clavé mi polla caliente completamente. Su gemido debió oirse hasta en la quinta planta ...
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